Me quedo sin palabras y con los ojos muy abiertos cuando leo uno solo de los detalles que describe el artículo de Semana acerca de la vida y las costumbres del procurador general de la nación, Alejandro Ordóñez, no porque él no pueda creer ni vivir como desee (cada loco con su cuento), sino porque no tiene nombre que un hombre como él esté en frente de un organismo de la importancia de la Procuraduría.
¿Cómo es posible que mientras los países desarrollados y el mundo intentan avanzar hacia conseguir una sociedad un poco más moderna, liberal y respetuosa de los derchos humanos, en Colombia se elija a un hombre que parece en una cruzada y que tiene detrás de sus decisiones ideas de la salvación del alma y rezos obsesivos de rosarios, y que, además, basado en sus convicciones del “pecado original” pretende prohibir que en los colegios se enseñe sobre los derechos reproductivos y sexuales de la mujer?
¿Será el Procurador quien impulse el retroceso de Colombia al poner en duda la decisión que tomó la Corte Constitucional en 2006 sobre la despenalización del aborto en los casos de violación, malformación del feto o riesgos de muerte para la madre?
Al parecer, este personaje de novela de la Edad Media quiere regresar en el tiempo y pretende llevarse a Colombia con él. ¿Será que hay quien detenga esta cruzada?

