Un hombre se acerca para comprar un algodón de azúcar a este vendedor que trabaja en una pequeña plaza en el Viejo San Juan, en Puerto Rico, el día de Navidad. El vendedor de algodón toma el dinero para devolverle al turista, pero antes de hacer entrega del producto o de la plata, los dos observan en silencio la gente que camina con paquetes entre las luces de colores, todos absortos en sus propias preocupaciones, mientras que, en medio de otra realidad, este hombre de corta estatura y de pelo blanco se esfuerza por ofrecer sin descanso sus dulces rosados y azules a muchos otros que a veces ni siquiera lo ven.
Mientras tanto, el comprador de algodón observa lo mismo desde otros ojos, a lo mejor sintiendo algo que lo conecta con la realidad del vendedor al mirar desde su mismo lado por unos segundos cómo otros disfrutan mientras él se gana la vida vendiendo azúcar de colores.


