Sé que las fotos no son de la mejor calidad (están borrosas y no muestran la imagen completa porque se tomaron desde un carro en movimiento), pero me pareció que valía la pena compartir con ustedes estas imágenes que representan una realidad tan presente en muchos países, sobre todo de América Latina, y que, en este caso, me encontré en una calle de Puerto Rico.
Iba en un taxi cuando vi pasar a mi lado un camión repleto de balones (pelotas) gigantes de colores. El taxista me explicó que son técnicas de políticos y candidatos que envían regalos como esos a poblaciones pobres para repartirlos y, de esta manera, comprar sus votos o ganarse su aprecio en determinadas regiones.
Me asombré un poco de encontrarme con esa realidad “tan colombiana” y tan latinoamericana en este país latino pero, a la vez, separado de nosotros por ciertas condiciones sociales y de derechos humanos bastante determinantes, que se deben a la ciudadanía estadounidense de los puertorriqueños y a la relación de ese pueblo con Estados Unidos.
Y no es que en el resto del mundo no exista la corrupción –en todas partes está presente-, sino que el ver a un camión lleno de balones de colores que se dirige a algún pueblo para contentar niños y familias y así apoderarse de sus votos y su apoyo me pareció bastante al estilo de una “república bananera”.
Me pregunto cuándo será que los niños del mundo tienen suficiente para comer, para estudiar y para jugar, de manera que las mentes de sus padres no puedan ser tan fácilmente arrebatadas por medio de un pedazo de plástico.



