Ya hace varios años de conciencia que me duele casi físicamente el sufrimiento de los seres humanos, pero últimamente siento que el de los animales se le suma de una forma, de cierta forma que se está haciendo pesado, muy pesado, casi insoportable.
A mí, que tanto he alardeado de amar la vida -y que, no sé cómo, la sigo amando-, se me está haciendo difícil vivirla, se me está haciendo algo absurdo este mundo.
Cada noche, al cerrar los ojos, se retrasa un minuto más el sueño, se hace un poco más profundo ese sufrimiento: en ese preciso instante algún ser humano y algún animal, que en realidad son millones, están llorando en silencio, en medio de la falta de piedad.
Antes de dormir sufro; en el día, cuando la mente no está distraída, sufro, y cada vez es más difícil distraerla.













































































