Ojosdelalma
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  • July 29th

    En medio de una cantidad abrumadora de carros, en la vía hacia el aeropuerto El Dorado de Bogotá y a las 7:30 de la noche de un martes de julio, mientras me sentía a punto de una úlcera porque realmente no debía perder mi vuelo de vuelta a Medellín, el taxista que me llevaba, ajeno totalmente a mi estrés, me envolvió en sus sentimientos con respecto a la capital de Colombia…Esa Bogotá que para él es hoy tan distinta a esa otra que le tocó cuando era un niño.

    - “Mire, yo hoy no puedo creer cuando pienso en que cuando yo tenía unos ocho años mis papás me llevaban dizque de paseo a Usme y nos demorábamos como cuatro horas. Eso era todo un viaje que planeábamos y parábamos en muchas partes a comer cositas y a comprar chucherías. Pero hoy Usme está a dos pasos y ya siente uno que es parte de la Bogotá en la que uno vive…Lo mismo que otras partes como Chía, Soacha…Esta ciudad cada día está más grande, y ¡mire! Mire para los lados; aquí hace un tiempito no había sino lotes con ganado y ahora hay centros comerciales al frente de los centros comerciales…”

    Así recordaba el taxista, con melancolía y en voz alta, sus días de infancia, en los que esa Bogotá que confiesa jamás terminar de conocer por más que lleve tantos años recorriendo sus calles y encontrando destinos, era un lugar que tenía hacia dónde crecer y del que se podía salir para encontrar potreros y pasear por tierras que en ese entonces eran desconocidas, lejanas y distintas a la rutinaria ciudad. Leer más

  • July 23rd

    Señor Presidente de Venezuela,

    No le escribo para recriminarle sus palabras insultantes y sucias hacia el presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, y hacia nuestro país; ni para pedirle que ese mismo Álvaro Uribe o el presidente electo, Juan Manuel Santos, sean de su agrado; ni para que, de un día para otro, decida tener realmente en cuenta la situación interna de un “país hermano”, como usted lo llama; ni para decirle cómo dirigirse a su propio pueblo, que hoy está bajo unas condiciones peores que nunca.

    Le escribo, sí, aferrándome a la esperanza de que usted, como ser humano que es, conserve un mínimo de esas condiciones tan esenciales a la humanidad, esas como la compasión y la misericordia, para pedirle que revise internamente sus actos teniendo en cuenta unas consecuencias que, muy probablemente, usted no ha visto directamente, o no ha querido ver.

    Quiero contarle que, así usted se empeñe en negar que lo hace y no piense aceptarlo jamás, por más que le cueste su vida –aunque no lo creo porque varias muestras ha dado ya de su cobardía-, cuando usted recibe y protege a integrantes de la hoy antigua guerrilla colombiana de las FARC no está desafiando ni atacando al Presidente Uribe como persona ni a su gobierno y, ni siquiera, al propio estado colombiano…Está, eso sí, garantizándole una muerte lenta y dolorosa al pueblo colombiano, a la gente del común, al campesino, a esos por los que usted dice luchar, a los indefensos que necesitan de la ayuda que puede proporcionarles el poder que los individuos les otorgan a los gobiernos para que los encaminen, los organicen y luchen por su bien.

    Cuando usted abre las invisibles puertas de la geografía venezolana a esos hombres armados e insensibilizados frente al dolor, a esos hombres ávidos de sangre que han olvidado su humanidad en nombre de un ideal que ya no existe y del que se ha apoderado el narcotráfico, lo que hace es contribuir con el desangre del campo colombiano, de Colombia como pueblo.

    ¿Es realmente eso lo que quiere? La respuesta es solo para que se la dé a usted mismo.

    Sé que Venezuela como país latinoamericano, en muchos aspectos tan parecido a Colombia, comparte algunas de nuestras realidades como nación y como pueblo. Pero lo que no comparte, ni ha compartido nunca, es esa realidad tan única y sangrienta que casi siempre aparece pintada de ficción, esa de convivir desde hace más de cuarenta años con una guerra interna que todos los días destruye vidas y mancha las tierras de sangre.

    ¿Sabe usted que hay muchos que hoy no nos acordamos de una Colombia sin guerrilla? ¿Sabe que hay millones de niños que no han pisado un mundo en el que exista una Colombia sin guerrilla? ¿Es consciente de que, por más que parezca imposible, nos hemos acostumbrado a oír, leer y ver noticias sobre masacres, asesinatos y secuestros de otros colombianos menos afortunados que nosotros –hasta que un día nos toque el turno? ¿Sabe que hemos tenido que llorar en silencio e impotentes cuando nos enteramos de que unos colombianos jugaron fútbol con la cabeza de un campesino frente a un pueblo atónito que acababa de presenciar la masacre de casi todos sus integrantes? Leer más

  • July 21st

    Testimonio de Waris Dirie, la primera mujer que habló públicamente sobre la “ablación”, la mutilación genital femenina, y cómo esta enferma física y sicológicamente a las mujeres del África. En 1997, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, la nombró Embajadora Especial de las Naciones Unidas en la lucha contra esta práctica absurda que atenta contra los derechos de las mujeres. Desde su nombramiento la situación ha mejorado en algunos países, pero vale la pena volver a oír sus palabras para que más personas conozcan lo que todavía, en pleno siglo XXI, sucede en varios lugares del planeta.

  • July 19th

    “Finalmente no dio tiempo para llevarla a la maternidad; hubo que llamar de la Hertastrasse, que quedaba allí cerca, a una antigua comadrona que ya sólo tomaba su maletín de vez en cuando. En el dormitorio, pues, nos ayudó a mamá y a mí a separarnos.

    Vi pues la luz del mundo en forma de dos bombillas de sesenta vatios.

    […]

    Y si en cuanto embrión sólo me había escuchado imperturbablemente a mí mismo y había contemplado mi imagen reflejada en las aguas maternas, con espíritu tanto más crítico atendía ahora a las primeras manifestaciones espontáneas de mis padres bajo la luz de las bombillas…conservo todas y cada una de aquellas palabras tan importantes ahora para mí, porque constituyen mis primeras impresiones…después de haber reflexionado debidamente sobre todo lo que había escuchado, decidí hacer esto y aquello y no hacer, en ningún caso, eso y lo otro.

    - Es un niño –dijo aquel señor Matzerath que creía ser mi padre-. Más adelante podrá hacerse cargo del negocio. Ahora sabemos por fin para quién trabajamos.

    Mamá pensaba menos en el negocio y más en la ropita de su bebé: -Ya lo sabía yo que iba a ser un niño, aunque alguna vez dijera que sería una nena.

    Así tuve ocasión de familiarizarme tempranamente con la lógica femenina, y en seguida dijo: -Cuando el pequeño Óscar cumpla tres años, le compraremos un tambor.

    Por un buen rato estuve reflexionando y comparando la promesa materna y la paterna. Mientras, observaba y escuchaba una mariposa nocturna que se había extraviado en el cuarto…lo que retuve fue el ruido que se producía entre la mariposa y las bombillas. La mariposa parloteaba sin cesar, como si tuviera prisa por vaciarse de su saber, como si no debiera tener ya más ocasión de futuros coloquios con las bombillas, como si el diálogo entablado con ellas hubiera de ser su última confesión y, una vez obtenido el género de absolución que suelen dar las bombillas, ya no hubiera más lugar para el pecado y la ilusión.

    Y hoy Óscar dice simplemente: la mariposa tocaba el tambor…con el tambor se saca a la gente de sus casas, al son del tambor se la congrega y al son del tambor se la manda a la tumba. Leer más

  • July 15th

    Es triste ver cómo vivimos en medio de contradicciones dolorosas e incomprensibles que parecen invisibles ante los ojos de unas mayorías insensibilizadas, resignadas y acostumbradas a la desigualdad como destino, como realidad única e irrenunciable.

    Después de un mes entero de fiestas y fútbol que unieron a millones de personas de distintas naciones del planeta entre las que me incluyo, y así yo misma haya disfrutado viendo los espectáculos de inauguración y clausura, y los estadios majestuosos y modernos llenos de caras coloridas y banderas, no puedo quedarme con ese sabor agridulce que me producen momentos como este.

    Me refiero a la contradicción que se vive en este país del llamado continente olvidado: Sudáfrica tiene cincuenta millones de habitantes, más de 50% de su población bajo la línea de pobreza, un tercio de su población viviendo con un dólar o menos al día, menos de 20% de su población disfrutando de las oportunidades del primer mundo, una tasa de desempleo de 30%, una expectativa de vida de 49 años y 18% de su población padeciendo el virus del SIDA; pero, como si esto no contara a la hora de tomar decisiones para mejorar la situación de un país que necesita alimentos, vivienda, escuelas, hospitales, agua potable y otros servicios básicos, Sudáfrica invirtió, de acuerdo con el gobierno, 6.300 millones de dólares en toda la organización del mundial, dejándole ingresos por 2.400 millones de dólares a la FIFA.

    Empecemos por partes. Es claro que la inversión hace que se creen empleos directos e indirectos y que lleguen turistas a gastar su dinero en el país, es decir, que la inversión se recupera. Además, el país vivió momentos únicos en su historia y se proyectó ante el mundo como una nación capaz de albergar un evento de semejante importancia y de recibir personas de todo el planeta para ofrecerles lo mejor que tiene.

    Pero es difícil dejar de sentir un dolor profundo al pensar que esa inversión se haya hecho en fiestas y estadios que difícilmente serán sostenibles, mientras millones de personas pasan hambre, sufren por enfermedades y mueren ante la indiferencia de su propio pueblo y de una comunidad internacional que sabe que existen ese hambre, esas enfermedades, esa falta de agua y esas muertes, pero que continúa gastándose su dinero en celebrar el fútbol.

    Como bien se ha dicho, Sudáfrica cuenta con los recursos para llevar a cabo un evento así y, aunque recupera la inversión, tiene el enorme problema de la desigualdad en el reparto de la riqueza. La situación de África no da espera. Es diariamente que mueren y sufren millones de personas.

    Miremos algunas cifras: Sudáfrica invirtió 1.642 millones de dólares en la construcción de cinco estadios nuevos y en la remodelación de cinco que ya existían. Se ha dicho que estos estadios servirán para que se practiquen el fútbol y el rugby, así como para eventos religiosos y musicales, y, en algunos casos, para albergar a parte de la población si se presenta una emergencia. Pero ya se han unido varias voces para calificarlos de elefantes blancos, es decir, de lugares enormes y costosos que no tendrán el uso suficiente y que serán casi imposibles de sostener. Leer más

  • July 13th

    El increíble caso de Íngrid Betancourt

    Estoy de acuerdo con Samper Ospina cuando pide en su última columna de la revista Semana que incluyan este último y brillante episodio como final de la tal miniserie de la Operación Jaque. A ver si esos mismos que la ven son los mismos ciegos que un día pidieron que Íngrid Betancourt se ganara el Premio Nobel de Paz. Jamás entendí semejante absurdo: ¿qué hizo ella para contribuir a la paz? ¿irse en contra de todas las advertencias para ganar puntos en su campaña presidencial? ¿qué diferencia tenía ella con los demás secuestrados a quienes ese público tan ávido de historias emocionantes y amarillas no tuvo tan en cuenta? Las únicas que logro ver yo son dos: primero, que ella fue secuestrada en medio de un acto desmedido de querer figurar y sumarle puntos favorables a su imagen –creyendo que nada le pasaría, obviamente- mientras que la mayoría de los otros fueron privados de su libertad durante el cumplimiento de su deber con el país –esos sí, con recursos y protección precarios-, y, segundo, que Íngrid y su familia se aprovecharon al máximo de su omnipotente ciudadanía francesa y de su condición socioeconómica privilegiada en medio de tanto secuestrado pobre y anónimo. Eso es todo. Duro pero cierto.

    Nadie –de verdad, nadie- niega por un solo segundo que el secuestro sea la más vil e inhumana de las estrategias utilizadas por esos guerrilleros que se han olvidado de su condición humana y que parecen haber dejado de sentir, ni tampoco que quienes lo han padecido hayan tenido la oscura fortuna de vivir en carne propia una pesadilla inimaginable para la mayoría de la humanidad. Tampoco puede negar nadie que el secuestro de un ser querido pueda representar la desgracia de una familia entera, esa que no tiene remedio y que clava en el alma de un grupo de personas una tristeza que no se puede arrancar con nada.

    Pero tampoco es posible desconocer que existen personas calculadoras y amantes del poder, la fama y el dinero que, muy a pesar de su tristeza, logran manipular las situaciones y aprovecharse de ellas ante los ojos atónitos de una sociedad. Ya se vio a una Yolanda Pulecio pantallera durante esos años eternos que duró el secuestro de Íngrid, tanto para ella como para los demás colombianos –guardando las proporciones-; ya oímos incrédulos los llamados de personas de diferentes lugares del mundo que proponían a esa “heroína francesa” como Premio Nobel de Paz y que la comparaban con Juana de Arco. Después esperamos nerviosos los colombianos –incluso aquellos a quienes no nos convencía ese espectáculo que se había formado en torno a la leyenda de Íngrid Betancourt- a que esa heroína que recuperó su libertad –y que nos hizo llorar de alegría y observar las imágenes con los pelos de punta por el solo símbolo en el que se había convertido, el símbolo de un país en el que la sangre y la privación de la libertad se habían vuelto cosa de todos los días- anunciara sus intenciones en el ámbito político colombiano como continuación de una campaña que nunca pudo finalizar, y respiramos tranquilos –con un poco de compasión- cuando esa mujer enjuta y de cabellos largos se sumió en un largo silencio más allá de las fronteras geográficas del país. Leer más

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