Ojosdelalma

October7th

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Custodio González, vendedor de hamacas en las playas de Cartagena, Colombia

Custodio González, vendedor de hamacas en las playas de Cartagena, Colombia

Una mirada inocente que a la vez demuestra que, por la fuerza, ha tenido que dejar atrás mucha de su inocencia se acerca para mostrarme el producto de sus manos y su esfuerzo, pidiéndome que le compre, que le ayude. Son los ojos de Custodio González, un hombre que, como otros miles de colombianos, es símbolo de una tragedia que se vive en los campos de este país.

Me encuentro en las playas de Cartagena y frente a mí se detiene esta mirada implorante que aún conserva una sonrisa que me dice que hay esperanza y que por eso se hace el esfuerzo, pero que también hay mucho dolor detrás de esas hamacas de colores tejidas que cuelgan de los hombros de un hombre que se ha vuelto de hierro.

Primero atraída por los colores de las hamacas, después por las sombras de unos ojos que parecen querer decir más de lo que su silencio puede revelar. Le pregunto de dónde sacó la idea de su original y llamativo producto y él empieza a hablar, su corazón a desahogarse…”Me tocó aprender…yo vivía en el campo con toda mi familia y tenía una tierrita en la que cultivaba maíz. Era mi tierrita, era lo que yo sabía hacer…Pero la violencia nos sacó de ahí y nos hizo abandonar nuestra tierrita y todos nuestros cultivos. Eso allá se volvió imposible; primero llegaba la guerrilla con armas a pedirnos que les diéramos comida y les dábamos porque si no, nos mataban, y después llegaban los paramilitares a amenazarnos por guerrilleros…Dejamos todo lo que conocíamos y nos tuvimos que venir para la ciudad, para Cartagena, sin saber hacer nada más, y un primo mío sabía hacer estas hamacas y yo me dediqué a aprender. Ahora las vendo y hasta un señor de Bogotá me pidió cincuenta para llevárselas y venderlas allá…Yo vivo lejos de la ciudad pero vengo todos los días a las playas a vender mis hamacas”.

Es el testimonio del dolor, de la guerra, de la sangre, del abandono del campo, de la incertidumbre, de la soledad, de la supervivencia, del puñal que lleva enterrado el campesino colombiano que deja todo lo que conoce para construir una nueva vida desde cero y sin tener nada ni contar con nadie.

Es la mirada implorante de la pobreza y la violencia, de un pasado que jamás se podrá borrar.

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1 Comentario

  • Comentario de SSB — October 26, 2009 @ 11:51 am

    Este artículo muestra la cruda realidad de los desplazados de nuestro país pero también la tenacidad y recursividad de nuestra gente.
    Que bueno poder conocer historias como ésta y que tengan una salida al mundo para que se conozca la verdadera cara de los delincuentes de Colombía que en ocasiones son vistos como mártires y justos por los ojos de “ciegos” que tienen acceso sólo a información manipulada.

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