Donde se unen la selva y el mar
Después de tres horas y media de atravesar la húmeda selva en mula o a pie sentimos una energía reconfortante y renovadora. La mirada se ilumina y descubrimos un mundo nuevo, más allá de lo que conocemos hasta ahora. Es el espacio en donde poderosamente se unen la selva y el mar. Es Playa Brava.*
Desde afuera, cuando apenas empezamos a adentrarnos en las profundidades de esta vegetación que parece interminable e imposible de penetrar, es difícil imaginar las sorpresas que esta selva tupida formada entre montañas, teñida de decenas de tonos de verde y habitada por una neblina espesa, esconde en su interior.
Estamos en la Sierra Nevada de Santa Marta, este macizo que con sus 5.775 metros de altura es la montaña costera más alta del mundo. Aquí sobrevive esta misteriosa selva, pero también el Parque Nacional Natural Tayrona, que toca el Océano Atlántico dando lugar a un paisaje exótico que combina las montañas, el mar, la vida indígena, cientos de especies animales y vegetales y la mirada absorta de turistas de todo el mundo que llegamos para conocer las hermosas y famosas playas que se conservan en este parque como Arrecifes, Neguanje, Bahía Concha y Playa Cristal.
Tesoros de la selva
Ha llegado el momento de explorar uno de los secretos mejor guardados del Tayrona, un lugar que casi no aparece en los mapas, un santuario natural, el corazón del Parque, el origen del agua, una extensión de más de trescientas hectáreas que es hogar de los llamados Guardianes de la Sierra, los Indios Kogui, y que nos recibe con una energía difícil de encontrar en otro lugar. Ese secreto es Playa Brava.
No es un destino para cualquiera. Es un tesoro guardado para aquellos que queremos adentrarnos en la naturaleza sin cuestionar; para quienes deseamos descubrir la magia de la energía creada por los rituales y el cuidado de los Kogui en armonía con el universo. Es un paraíso sin lujos, una aventura inolvidable para el verdadero viajero que busca descanso y que sabe reconocer la riqueza de una joya natural.
Y es que para entrar a Playa Brava y comprender de qué se trata hay que hacer un recorrido al que solo pocos se atreven. Desde Santa Marta tomamos un carro, taxi o bus durante media hora hasta la vereda de Calabazo en donde empieza la aventura: a pie o en mula, nos adentramos en la selva durante tres horas y media, pasando por lugares a los que no entra el sol y tomando conciencia de que estamos en medio de esa masa verde profundo que veíamos desde afuera como un universo lejano e improbable.
Después de estas horas, que por momentos nos pueden parecer interminables, sentimos una mayor cercanía con la selva y con sus habitantes: desde monos aulladores hasta tigrillos y serpientes. La sensación de tranquilidad se mezcla con las ansias de divisar el tan esperado destino que, finalmente, aparece causando emociones encontradas de alivio, temor y asombro.
Desde lo alto de la última montaña que remontamos para llegar a la playa vemos por fin el brillo del agua, de ese maravilloso mar que llega con toda su fuerza para fundirse con la arena blanca y unirse de forma poderosa con la selva del Parque Tayrona. Empezamos a descender en busca de este místico destino en el que se encuentran turistas de todo el mundo con la magia silenciosa de los Indios Kogui.
Playa Brava Teyumake
Playa Brava Teyumake, nombre ancestral cuyo significado es Teyumake, hijo de Teyuma (Tayrona), y Chairama, es un espacio privado que solo podemos visitar quienes nos alojamos en el hotel del mismo nombre. Seis eco-habs sin energía eléctrica ni seguros en las puertas, unos pequeños kioscos en madera con lo absolutamente necesario (camas, mesa y baño) en los que se duerme con las puertas y ventanas abiertas y se despierta con el romper de las olas en la arena, son el complemento de esta experiencia.
En este hotel inusual en donde no existen meseros ni recepcionistas, los pocos visitantes nos vamos conociendo e integrando a medida que pasan los días, durante los desayunos, almuerzos y comidas, en horas determinadas, en mesas compartidas por todos y con un menú establecido preparado por la familia anfitriona con la ayuda de algunos Kogui y de uno o dos jóvenes que están de paso y que trabajan allí como parte de su experiencia en la selva Tayrona.
Pasan los días y la estadía en Playa Brava se va volviendo más intensa; cada mañana descubrimos un nuevo juego de sonidos de la naturaleza mientras los ojos se encuentran con el azul oscuro y profundo y con la espuma de las fuertes olas del bravo mar que en este sitio hace honor a su nombre. Las noches, cubiertas de estrellas, refrescadas por el viento y silenciosas son, en algunas ocasiones, el escenario para que alrededor de una fogata, nos divirtamos presenciando como juegan con fuego unos malabaristas argentinos que llevan años rodando por el mundo y se alojan ahora en este hotel. Los días nos dan la opción de caminar media hora a través de la selva para visitar una cascada de la que fluye agua potable proveniente de la montaña. Y en medio de este prodigio de la naturaleza, Eva, la pequeña bebé de la familia anfitriona, corre sin ropa en la arena y retoza en el agua recordando las imágenes de la vieja película, La Laguna Azul.
Camino a Pueblito
Estando en Playa Brava es casi que una obligación visitar Pueblito, tesoro arqueológico, poblado habitado por los Koguis, localizado a una hora de caminata por la selva desde la playa y a dos horas y media desde Calabazo.
Mientras subimos por un camino de piedras blancas empiezan a aparecer las ruinas de la civilización Tayrona, desaparecida hace cuatro siglos, y las casas de sus directos descendientes, los Kogui, quienes se consideran a sí mismos los Hermanos Mayores y Guardianes de la Sierra.
Habitantes de esta selva y fieles luchadores y protectores de la armonía y el equilibrio con la naturaleza, los Kogui son de pocas palabras y expresiones. Se comunican por medio de una lengua chibcha y algunos de ellos cruzan uno que otro sonido parecido al español con nosotros, o acuden a las señas para entenderse con los turistas cuando ejercen como guías a través de la selva para llegar hasta Calabazo o hasta la playa.
Pueblito representa la oportunidad de conocer la cultura de esta comunidad matriarcal que adora a la mujer y que cree firmemente que de ella, como madre natural, provienen los elementos del universo. Una etnia que adora la luna y el sol, lo que se ve reflejado en sus sacerdotes y líderes que son llamados Mamas, que significa sol, y que llevan cuatrocientos años viviendo lejos de la civilización, tratando de defender su estilo de vida y de proteger su armónica relación con la naturaleza.
El lujo de lo natural
Después de unos días de naturaleza pura, silencio y descanso, en los que perdemos un poco la noción del tiempo y las costumbres de nuestra vida diaria en la ciudad, llega la hora de despedirnos de este cuadro azul, verde y café que nos permitió hacer parte de él temporalmente y nos envolvió dentro de un ambiente excepcional. Del agua del mar pasamos nuevamente a internarnos en la selva para emprender el regreso a nuestra realidad.
Al terminar este viaje, se puede decir que los lujos que hay en Playa Brava son todos privilegios naturales: respirar aire puro y beber el agua que baja de los nevados por la montaña hasta la playa; levantarse todos los días y solo ver montañas de selva asomadas en medio de una neblina que brilla con los rayos del sol, y ver palmeras, árboles y un cielo azul que envuelve al mar y a su espuma blanca; dejar que la energía de estos sabios indígenas junto a esta impresionante naturaleza nos den la bienvenida a los afortunados visitantes del mundo que nos escapamos de la civilización para gozar por unos días de este paraíso.
Recomendaciones para visitar Playa Brava Teyumake:
• La selva húmeda del Parque Tayrona es muy rica en flora y fauna; en ella habitan más de trescientas especies de aves, cien de mamíferos, más de 70 de murciélagos, más de 30 de reptiles y 15 de anfibios, entre otras. Se recomienda vacunarse contra la fiebre amarilla antes de ingresar al parque.
• A Playa Brava se puede llegar a través de la selva, saliendo de Calabazo, o por vía marítima, aunque el ingreso por tierra es más común y recomendado debido a que el mar en esta zona es bastante fuerte y puede ser peligroso.
• Varias de las playas del Parque Tayrona tienen fuertes corrientes submarinas y, por ello, no se permite que los visitantes se metan al mar. En Playa Brava sí está permitido nadar, aunque también hay corrientes que pueden ser riesgosas.
• Quien quiera conocer Playa Brava debe saber que el viaje a través de la selva puede ser pesado para algunos y que se debe estar en buenas condiciones físicas.
* Esta crónica la escribí para la edición de fin de año de la revista Volar, de la aerolínea colombiana SATENA. En el siguiente link pueden ver la edición digital de revista y este artículo en diseño (Al hacer click en la revista pequeña que aparece pueden verla en pantalla completa. El artículo está en la página 48):





