Ojosdelalma
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  • November 17th

    Daiana, John Arley y Vanessa venden mango a 200 pesos

    Daiana, John Arley y Vanessa venden mango a 200 pesos


    Seis ojitos brillantes y tres sonrisas tímidas se acercan a mí con cuidado para ver si me intereso por lo que tienen para ofrecerme o, como segunda opción, para intentar que su inocencia, la ternura de sus pequeñas manitos y el hambre que se asoma a través de sus ojos me conmuevan y me lleven a regalarles algo, a ayudarles desde mi posición privilegiada.

    Son Daiana, John Arley y Vanessa, tres pequeños de unos cuatro o cinco años que caminan juntos por las calles del corregimiento de Peñalisa, en el suroeste antioqueño, sosteniendo unos recipientes blancos que contienen lo que los convierte en niños trabajadores empezando a conocer las tareas de su labor en ese duro camino para ganarse la vida: mangos.

    Sí, a su corta edad, estos tres niños pasan sus días vendiendo mangos a doscientos pesos (10 centavos de dólar). Les pregunto si son hermanitos y me dicen que no, que son amiguitos y que salen a vender sus mangos juntos. Les digo, entonces, que son unos niños muy hermosos y que si puedo tomarles una foto, a lo que sigue una sonrisa de alago embellecida por un abrazo para posar frente a la cámara, ante la cual se desvanece luego la sonrisa, no sé si por timidez o como una revelación de lo que de verdad llevan por dentro sus corazones.

    Daiana, John Arley y Vanessa deberían estar en el colegio aprendiendo y jugando, lejanos aún del concepto del dinero y de la necesidad, esencialmente adulta, de salir a la calle a cumplir con responsabilidades para ganarse la vida y tener con qué comer. Al verlos me preguntaba cuántos años me llevarían si los comparara conmigo en el momento en que tuve su edad…Sé por sus miradas que nuestra niñez no fue la misma, sé por la expresión de sus caras que ellos ya comprenden que deben hacer su mayor esfuerzo para lograr vender su mango de doscientos pesos.

  • November 13th

    La masacre de El Salado, un pequeño corregimiento del Carmen de Bolívar en el departamento de Bolívar en Colombia,  es uno de esos episodios de los que cuando uno conoce más detalles siente que se trata de eventos surrealistas y de hechos imposibles ocurridos en un país creado para una novela de realismo mágico. Es la Colombia de la sangre, la Colombia real pero difícil de creer e inimaginable para quienes no están presentes en el día a día para ser testigos, así sea a través de las letras que se escriben como intento de dejar alguna memoria, de lo más bajo de una guerra interminable librada todos los días en los campos colombianos. Leer más | Comentarios

  • November 11th

    Duele que necesitemos ver el dolor en la mirada de otros, humanos o animales, para reaccionar. Duele que no sean suficientes las riquezas de la vida y las maravillas de la naturaleza para que detengamos la guerra que hemos declarado.

    Duele que valoremos tan poco el infinito valor de lo que naturalmente nos rodea, que tengamos que arrasar con ello para reemplazarlo por algo que creemos mejor.

    Duele que maltratemos sin que nos duela y que seamos capaces de seguir, aun oyendo el llanto de aquel al que maltratamos.

    Duele que nuestra humanidad conciba el darle la espalda al dolor de otro.

    Duele que aunque nos duela, pueda más nuestra indiferencia.

    Duele que aunque nos duela, puedan más nuestra pereza mental y nuestro miedo a enfrentarnos con lo que hemos hecho.

    Duele que tantos consideren normal y justo el dolor de otros.

    Duele que lo que nos duele no sea suficiente.

    Duele que tenga que ser la mirada de un animal animado por computador la que nos haga entender que nos estamos rindiendo y que, si lo hacemos, ellos nos seguirán.

    El video dura un minuto:

  • November 9th

    Catalina tiene 5 años y vive en Doradal, Antioquia

    Catalina tiene 5 años y vive en Doradal, Antioquia


    Ella es Catalina, así simplemente, Catalina sin más enredos de apellidos ni de explicaciones al responder cuál es su nombre o quién es ella. Tiene cinco años y vive en el corregimiento de Doradal, en el municipio antioqueño de Puerto Triunfo en el Magdalena Medio, entre las blancas paredes de una especie de oasis de casas del color de la nieve, que suben hacia el cielo y contrastan con su azul profundo, haciendo pensar en las paradisíacas imágenes de islas griegas como Santorini.

    Pero ella no vive en Santorini ni es la princesa de ningún cuento de hadas. Es una niña humilde que crece en medio de esta región colombiana sin saber qué le depara el futuro ni si la alegría que expresa a través de su sonrisa inocente y sincera pueda tener la misma fuerza en unos años. Ojalá que sí. Ojalá que esa niña que se me acercó brincando llena de vida para decirme “hola” y ofrecerme su más cálida sonrisa pueda aferrarse al poder que le da su condición de inocencia y que la lleva a ver el mundo como un lugar de juegos sin amenazas para los niños.

    O quién sabe, a lo mejor a sus cinco años ya conoce la violencia y sabe que el blanco y el azul de su mundo son solo una fachada que esconde sorpresas agridulces. Es posible que la sonrisa de su carita, su pelo dorado, su vestido de muñeca, su silencio opacado por el brillo de unos ojitos curiosos, se hayan acercado para saludarme con ese “hola” sin revelarme eso otro que pasaba por la mente de la niña. Algo me dejó con la duda cuando, sin ser yo nadie para ella y sin haberle dado nada, Catalina me preguntó dulcemente “¿Cuándo vuelven?”, mientras yo cerraba la puerta del carro.

  • November 5th

    Nuestro mundo se hunde todos los días en la pobreza, la guerra, el hambre y la tristeza debido, en gran parte, al odio que hemos alimentado los unos por los otros por los motivos más ilógicos e irracionales que nadie pudiera imaginar: por el color de la piel; por lo que creemos; por la imagen que tenemos en nuestra mente todas las noches antes de acostarnos; por lo que consideramos como nuestro lazo de unión con la vida y nuestra pequeña porción de esperanza; por lo que pensamos y decimos, y por el tono específico del sonido que surge de las letras cuando al juntarse forman las palabras de un idioma; por la forma en que llevamos telas sobre el cuerpo y la manera en que nuestros ojos se dirigen a los demás; por nuestras actividades de cada día; por el nombre con el que llamamos a aquel ser que le damos las gracias o le pedimos con todas las fuerzas nos ayude a cumplir nuestros sueños y deseos, o también porque hayamos escogido no darle un nombre a ese alguien o no dar gracias ni pedir nada sino emprender nuestro camino con nosotros mismos; por el lugar donde, sin tener otra opción, nacimos y nos educamos; por la educación que nos dieron quienes más nos amaron y nos enseñaron a caminar; por la composición de nuestros genes que nos hacen ver como nos vemos; por ser diferentes los unos de los otros. Leer más | Comentarios

  • November 3rd

    A veces ocurren hechos o tenemos acceso a imágenes e historias que nos dejan sin palabras, con lágrimas en los ojos y con una sensación de un nudo interno que nos hace sentir vacíos, culpables e impotentes frente a la espeluznante degradación a la que a veces llega el hombre movido por las exigencias de la sociedad, las ansias de poder, éxito y fama, y la necesidad de no apoderarse de la responsabilidad de hacer algo por un mundo enfermo de indiferencia, odio, tristeza, pobreza y dolor.

    El siguiente video contiene imágenes como esas, relata una historia escalofriante símbolo no de un hecho aislado y lejano que vemos en una pantalla, sino de lo que todos los días hacemos la mayoría de los seres humanos: observar la miseria en silencio y voltear la cara distraídos para continuar con nuestros abrumadores problemas y nuestras prioritarias necesidades.

    Ojalá no olviden nunca la mirada que van a ver en el video para que, por lo menos, esos ojitos aterrados que imploran ayuda y compasión se hagan presentes en los momentos del día a día en los que una actitud o la acción de un segundo pueden cambiar una vida y, por qué no, convertirse en un paso hacia hacerle un poco de honor a nuestra condición humana. Ojalá esos ojitos sean propagadores de compasión.

    Video:

    http://video.bugun.com.tr/bugunPlayer.swf?file=dagilfilm.flv

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