
José Joaquín Jaramillo Álvarez se para todos los días en el mismo lugar a saludar a la gente que pasa
Todos los días en un mismo punto al borde de la carretera por las partidas que van al municipio de Jericó en Antioquia, Colombia, un hombre con el pelo ya teñido de gris se cubre un poco del sol con su sombrero y saluda con la mano permanentemente a los carros que pasan, sin dejar de sonreír de oreja a oreja, así le falten varios dientes y quizá casi todas las fuerzas.
Con esa misma sonrisa, y alegre de ver que alguien se detiene y se interesa por conocer su historia, me responde con su nombre completo…”Me llamo José Joaquín Jaramillo Álvarez…Me gusta saludar a la gente…Estoy aquí para ayudar a mi familia; en estos días casi nos matan unas piedras que cayeron de por allá arriba de las montañas…El alcalde ha dicho que nos va a ayudar y que nos va a pasar para una casita en Tarso, pero todavía no la han conseguido, entonces seguimos en el mismo punto en donde casi nos matan esas piedras…yo vivo con la viejita y con los nietecitos…”.
A pesar del cansancio de la edad sumado al de la lucha de la vida, de una vida que a veces se siente tan injusta, José Joaquín Jaramillo Álvarez vive sonriente, saluda a todo aquel que pasa por ahí, sale cada día con nuevas energías a permanecer largas horas de pie, bajo el sol y solo, a conseguir lo que pueda para llevarles algo a su viejita y a sus nietos, no pierde las esperanzas de llegar a su nueva casita y de tener nuevos motivos para sonreír, así haya vivido unos segundos en los que el cielo y las montañas parecieron ensañarse con su familia lanzándoles rocas sin ninguna piedad, como si ya sus cargas no fueran suficientes.
