Queridos ciudadanos,
Tengo unas pocas palabras que necesito sacar de mi alma porque me atormentan cada día cuando salgo a las calles de la ciudad a tratar de ganarme la vida y me encuentro con miradas tan duras.
Me llamo Rogelio, tengo 43 años y vendo aguacates en una misma esquina desde hace cinco años que, por su intensidad, más bien parecen diez. Nací en una pequeña vereda en el campo colombiano en una familia que le debía todo a sus cultivos de papa. Fui a la escuela pero no pude terminarla porque mi mamá ya no tenía con qué seguirla pagando y yo necesitaba aportar algo para que en mi casa hubiera algo de comer cada noche.
Siempre me ha gustado aprender; aun cuando ya no estaba estudiando, durante cada día de trabajo en el campo yo trataba de hacer cosas diferentes y de convertirme una mejor persona. Realmente estaba aprendiendo y estaba logrando sacar adelante a mi familia con todo el esfuerzo de mi cuerpo que, cansado y sin mucha comida, cada mañana se levantaba con la esperanza de que todo cambiara.
Y todo cambió, pero de una forma en que nadie jamás puede siquiera imaginar en su peor pesadilla. Todo lo que mi familia y yo veníamos construyendo durante nuestras vidas desapareció junto con algunos de nuestros seres queridos en un día de terror en que unos hombres armados decidieron borrarnos del mapa. Leer más | Comentarios
















































































