
Esta niña con cara y apariencia de niño estaba el 31 de diciembre parada en una carretera destapada de Llanogrande, al oriente del departamento de Antioquia, sosteniendo un lazo que atravesaba la vía para que los carros se detuvieran y le regalaran alguna moneda.
Su única compañía era este muñeco de pólvora que alguien le encargó para que vendiera y que permanecía acostado y con unas gafas que no tenían ojos detrás. La niña me respondió tímidamente, mirando hacia el suelo y con una voz tan baja que me permitía oírle muy poco, que se llamaba Viviana Marcela Gaviria Castro y que tenía nueve años.
Para la foto se paró al lado del muñeco y por primera vez miró hacia el frente sonriendo sin estar muy segura, pero con la dulzura de una niña que por unos instantes dejó de ser simplemente alguien que pedía en la calle para pasar a ser la protagonista de una imagen que ahora es el reflejo de una parte de su vida, aunque no logre expresar lo difícil que esta debe ser.

