Una de las razones por las que amo a Medellín es porque, así le suene ilógico y le parezca increíble un habitante de casi cualquier otra ciudad del mundo, aquí, en plena ciudad, el cielo está lleno de sorpresas coloridas y sonoras: cada día trabajo con distintos cantos de pájaros como sonido ambiente y, en cualquier momento, pasan no muy lejos de mi ventana grupos de guacamayas rojas, azules y amarillas volando y emitiendo ese canto tan característico de ellas, esa especie de grito de alegría y de libertad.
Ese animal tan exótico que en otras partes se exhibe en los zoológicos y por el que las personas pagan para tomarse fotos con él aquí en Medellín es parte del paisaje natural de sus cielos, de los sonidos de sus días.



