La educación lo es todo o, por lo menos, la base de todo.
No sé cuántos de ustedes hayan visto la película Yo también o, por casualidad, la entrevista de Yamid Amat a su protagonista Pablo Pineda, un español con Síndrome de Down que es una persona casi normal gracias a la educación que recibió y a que creyeron en él desde el principio.
Se trata de una película que cuenta una historia bonita y conmovedora, pero se trata, sobre todo, de un personaje que logra enamorar a quien lo vea y lo oiga, que logra demostrarle al espectador la pureza que puede existir en un corazón humano cuando la sociedad no se ha acercado tanto a él como para corromperlo. Se trata de un personaje que hace que se corte la respiración de quien lo observa en silencio porque, como pocos, es un ejemplo real –y no actuado porque sería imposible- del efecto que tiene la educación en el ser humano, de lo que se logra cuando se cree en alguien y cuando se le ofrece un lugar en la sociedad a quien no parecía contar con tantas posibilidades de avanzar.
La educación de Pablo marcó la diferencia de su vida y de lo que él hace hoy por los demás. Él podría ser hoy un casi niño de 35 años que no interactuara con el mundo y que no entendiera lo que sucedía a su alrededor; podría estar aislado y no relacionarse más de lo necesario con la sociedad, pero, como él mismo explica en las entrevistas y en sus conferencias, logró estudiar pedagogía, convirtiéndose en el primer europeo con Síndrome de Down en obtener un título de licenciatura, y hoy enseña que la educación y los estímulos lo hicieron diferente y le permitieron llegar hasta un punto tan alto.
La educación ha permitido que él hoy razone y que haya desafiado cualquier pronóstico de una persona con Síndrome de Down.
Pero, vamos más allá. Leer más | Comentarios























































































