Ojosdelalma
  • Hablan las imágenes
  • May 14th

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    La educación lo es todo o, por lo menos, la base de todo.

    No sé cuántos de ustedes hayan visto la película Yo también o, por casualidad, la entrevista de Yamid Amat a su protagonista Pablo Pineda, un español con Síndrome de Down que es una persona casi normal gracias a la educación que recibió y a que creyeron en él desde el principio.

    Se trata de una película que cuenta una historia bonita y conmovedora, pero se trata, sobre todo, de un personaje que logra enamorar a quien lo vea y lo oiga, que logra demostrarle al espectador la pureza que puede existir en un corazón humano cuando la sociedad no se ha acercado tanto a él como para corromperlo. Se trata de un personaje que hace que se corte la respiración de quien lo observa en silencio porque, como pocos, es un ejemplo real –y no actuado porque sería imposible- del efecto que tiene la educación en el ser humano, de lo que se logra cuando se cree en alguien y cuando se le ofrece un lugar en la sociedad a quien no parecía contar con tantas posibilidades de avanzar.

    La educación de Pablo marcó la diferencia de su vida y de lo que él hace hoy por los demás. Él podría ser hoy un casi niño de 35 años que no interactuara con el mundo y que no entendiera lo que sucedía a su alrededor; podría estar aislado y no relacionarse más de lo necesario con la sociedad, pero, como él mismo explica en las entrevistas y en sus conferencias, logró estudiar pedagogía, convirtiéndose en el primer europeo con Síndrome de Down en obtener un título de licenciatura, y hoy enseña que la educación y los estímulos lo hicieron diferente y le permitieron llegar hasta un punto tan alto.

    La educación ha permitido que él hoy razone y que haya desafiado cualquier pronóstico de una persona con Síndrome de Down.

    Pero, vamos más allá. Leer más | Comentarios

  • May 12th

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    Notas de vida

    Comparto con ustedes un video que refleja la alegría colombiana, esa que está metida en la esencia de unas personas que son capaces de sonreír y de cantar con hambre; de jugar, saltar y realizar shows sin haber dormido y habiendo caminado descalzas; de vivir aferradas a la esperanza de cada día sin permitir que el dolor de la injusticia y la incertidumbre borre el encanto de estar con vida.

    Al terminarse el tiempo de la serenata que nos daban unos músicos que habíamos contratado como turistas para que nos cantaran mientras dábamos un paseo en carroza por Cartagena, el cochero, como buen colombiano, empezó a contarnos su historia y entonó una canción espontáneamente para llevarnos a nuestro destino con la misma alegría.

    Así es Colombia.

  • April 30th

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    Esta es su vida
    Colores del trabajo

    En un hermoso pueblo colombiano, Santa Fe de Antioquia, se reúnen cada día decenas de vendedores a organizar cientos de coloridos productos de una forma tan creativa y meticulosa, que el resultado final –diariamente- termina pareciéndose a una postal, o quizá a la imagen de una novela de realismo mágico.

    Colores de Antioquia
    Alimento y fe

    Me acerco para observar más en detalle cada una de las cosas que estas personas ofrecen puestas sobre mesas, colgadas, en el suelo; cada elemento ubicado en el justo lugar para contrastar de una manera indescriptible con los colores y las formas de todo lo demás. Leer más | Comentarios

  • April 23rd

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    No sé cómo empezar porque para las imágenes de este video no existen palabras o ideas que puedan llamarse adecuadas o decir algo más allá de lo que siente quien las ve.

    El hambre…eso que todos hemos sentido en su más leve expresión, y que nos ha llevado a lamentarnos por retrasar unas horas una comida segura de la que muy probablemente algunos se quejarán, para otros es el más grande dolor y la máxima representación de la miseria de sus vidas.

    Millones de seres humanos amanecen cada día sin saber si se acostarán con algo en el estómago y sin tener claro siquiera si llegarán a acostarse.

    Mientras algunos critican la comida que les sirven y otros piden porciones exorbitantes para dejar más de la mitad en esta sociedad de los excesos y de la abundancia, hay otros que están esperando alegres el momento de recibir los sobrados para sobrevivir y dar gracias a la vida.

    Mientras algunos se quejan por el malestar que les produce tener el estómago demasiado lleno, hay otros que sonríen y comparten en familia esos restos que para ellos significan la diferencia entre la vida y la muerte.

    Mientras algunos, sin estar acosados por el hambre verdadero, devoran con voracidad enormes cantidades de comida y desechan iguales cantidades sin el menor remordimiento, otros, así sientan sus cuerpos desfallecer y pedir a gritos un poco de energía, esperan para rezar y dar las gracias antes de probar bocado.

    Y el mundo sigue. Leer más | Comentarios

  • April 19th

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    Niñez en medio de frutas y trabajo

    El lugar de trabajo de cada día

    Al borde de la carretera llegando a Santa Fe de Antioquia me encuentro con un hombre y un niño que, como varias otras decenas –tal vez cientos- de campesinos de la zona, improvisan cada día con lo que pueden su pequeño punto de venta de frutas para, bajo el sol ardiente, tratar de antojar a quienes pasan en carro a toda velocidad y así poder conseguir esos pocos pesos que necesitan para comer ese día, para vivir.

    Creativa exhibición de mangos

    Mangos en Santa Fe de Antioquia

    El niño me sonríe mientras su padre, sudando, escoge los mejores mangos y los entrega dentro de una bolsa a través de la ventanilla de un carro. Son unos mangos menos que vender y solo unos pocos pesos que se han ganado. Pero para reunir lo suficiente para darle de comer a la familia ese día es necesario que, al ver ese pequeño quiosco, muchas otras personas lo perciban como algo más que una simple imagen del paisaje, disminuyan la velocidad y decidan comprar sus frutas allí.
    Al otro día, la espera será la misma.

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  • April 14th

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    La sonrisa de la esperanza

    Jorge “el negro .com”, un joven vendedor de pulseras de Playa Blanca, Barú (cerca a Cartagena, Colombia), me cuenta su historia, cómo es su día a día, de qué vive, cuáles son las dificultades que enfrenta…Me lo dice todo a través de unas palabras que me demuestran una actitud distinta frente a la vida, así provengan de alguien para quien nada ha sido fácil, de alguien que no sabe si al otro día alcanzará a vender lo suficiente para comer, de una persona que a los 19 años solo piensa en hacerse una buena imagen en esa playa y entre los turistas para que, como él dice, lo conozcan, pregunten por él, le compren y lo identifiquen como el vendedor a quien quieren comprarle y ayudar…Para no ser un vendedor más entre tantos que persiguen y “molestan” a los visitantes insistiéndoles de todas las formas y reduciendo el precio hasta el máximo, buscando que les compren una pulsera que puede valer unos ocho mil pesos (cuatro dólares), esos ocho mil pesos de los que depende que sea un buen día y de los que depende la comida de una familia.


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