Ojosdelalma
  • Historias
  • March 2nd

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    La historia de Martina Maturana es una de esas hermosas y escalofriantes pruebas de la sensibilidad y la compasión tan esenciales al ser humano que aún existen dentro de los corazones de la mayor parte de la humanidad.

    Para quienes no lo saben, Martina es una niña de doce años que vive en la isla Robinson Crusoe, una de las tres que componen el archipiélago Juan Fernández en Chile, y que jugó un papel fundamental en la forma en la que la población de la isla enfrentó los lamentables hechos que siguieron al terremoto del fin de semana.

    En Robinson Crusoe el sismo no se sintió con tanta fuerza; Martina le informó a su padre de lo que había sentido, con lo que este llamó al abuelo, que vivía en Valparaíso, y se enteró de la realidad de lo que estaba sucediendo.

    A las tres de la mañana y al ver el extraño comportamiento de los barcos y las aguas en el puerto, la reacción de la niña, olvidándose de su temor y de ese instinto contrario de sobrevivir ella misma antes que cualquier cosa, fue salir corriendo de su casa en dirección a la plaza central para, sin saber bien cómo, hacer uso del mecanismo de emergencias allí ubicado y así, de alguna manera, informar a su gente que debían huir para salvar sus vidas.

    Fue así como Martina Maturana hizo que poco a poco los habitantes de Robinson Crusoe fueran saliendo de sus casas para correr hacia las partes más altas de la isla, salvándose así de morir minutos después bajo los devastadores efectos de las olas que entraron a los que eran sus hogares destruyéndolos sin piedad alguna.

    Como bien lo sabemos hoy, el Ministro de Defensa de Chile pidió disculpas por el error que se cometió al no prevenir a esta población acerca de un posible tsunami que pudiera desencadenarse luego del fuerte terremoto.

    Pero a Martina nada la detuvo ni nadie le dijo lo que tenía que hacer; ella lo supo en cuanto se enteró de que los seres humanos que la habían rodeado durante sus cortos doce años de existencia estaban en peligro, y fue así como corrió imparable hacia la plaza para emitir el sonido que salvaría a cientos de personas de morir arrastradas por un mar que creció y entró sin avisar.

    Martina Maturana es ese ser humano sin el que la humanidad estaría perdida para siempre.

    ¡Gracias, Martina!

  • December 1st

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    Ayer por la noche estaba en el supermercado haciendo la fila para pagar, cansada después de haber trabajado todo el día, cuando, mientras esperaba, observé a las personas que iban delante de mí: una señora y un niño que vestían los chalecos para poder movilizarse en su moto, que en este caso es un medio de transporte y no una diversión, y que tenían unos cuantos productos en una canastica, lo necesario para llevar a la casa después de un día de trabajo que con seguridad tuvo muchas más horas de las que deberían ser.

    Me quedé observando mientras la señora le pidió al niño que la ayudara a sacar las cosas de la canasta para ponerlas al lado de la caja registradora. El niño empezó a sacar una a una las cosas, despacio, mientras su madre observaba con cuidado, analizando si definitivamente las llevaría o si no eran tan necesarias como para gastar los contados pesos en ellas. El niño, de unos siete años y usando gafas para corregir su visión, sacó un sobre de un refresco en polvo y cuando lo fue a poner al lado de la caja su madre le dijo “no, eso no lo voy a llevar”, el niño le dijo “¿no?”, un poco extrañado al principio, pero inmediatamente comprensivo, cómplice de su madre en eso que se llama necesidad. Tomó el sobre y lo puso en otra canasta que había en el piso, y procedió a sacar el próximo producto: un pequeño paquete de chocolatinas Jet. La mamá lo miró y le dijo “eso tampoco lo voy a llevar”, el niño, sin expresión alguna, miró hacia arriba a su madre en silencio y luego bajó sus párpados mientras ponía el paquete de chocolates en el suelo sin decir una sola palabra, comprendiendo como un adulto que si su mamá no podía, no podía. La madre sonrió y le dijo “mentiras, mi amor, que esas sí las vamos a llevar”, a lo que el niño tampoco dijo mucho, sino que, con una tímida sonrisa, volvió a coger el paquete para ponerlo junto a lo que esa noche llevarían a casa.

    Ella no tiene con qué comprar el jugo y decide ahorrarse esos pesos que servirán para otra cosa, pero sí le compra los chocolates a su hijito a como dé lugar. Ella le da gusto y luego lo verá sonreír cuando se coma sus dulces. Esa es Colombia.

  • November 13th

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    La masacre de El Salado, un pequeño corregimiento del Carmen de Bolívar en el departamento de Bolívar en Colombia,  es uno de esos episodios de los que cuando uno conoce más detalles siente que se trata de eventos surrealistas y de hechos imposibles ocurridos en un país creado para una novela de realismo mágico. Es la Colombia de la sangre, la Colombia real pero difícil de creer e inimaginable para quienes no están presentes en el día a día para ser testigos, así sea a través de las letras que se escriben como intento de dejar alguna memoria, de lo más bajo de una guerra interminable librada todos los días en los campos colombianos. Leer más | Comentarios

  • November 3rd

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    A veces ocurren hechos o tenemos acceso a imágenes e historias que nos dejan sin palabras, con lágrimas en los ojos y con una sensación de un nudo interno que nos hace sentir vacíos, culpables e impotentes frente a la espeluznante degradación a la que a veces llega el hombre movido por las exigencias de la sociedad, las ansias de poder, éxito y fama, y la necesidad de no apoderarse de la responsabilidad de hacer algo por un mundo enfermo de indiferencia, odio, tristeza, pobreza y dolor.

    El siguiente video contiene imágenes como esas, relata una historia escalofriante símbolo no de un hecho aislado y lejano que vemos en una pantalla, sino de lo que todos los días hacemos la mayoría de los seres humanos: observar la miseria en silencio y voltear la cara distraídos para continuar con nuestros abrumadores problemas y nuestras prioritarias necesidades.

    Ojalá no olviden nunca la mirada que van a ver en el video para que, por lo menos, esos ojitos aterrados que imploran ayuda y compasión se hagan presentes en los momentos del día a día en los que una actitud o la acción de un segundo pueden cambiar una vida y, por qué no, convertirse en un paso hacia hacerle un poco de honor a nuestra condición humana. Ojalá esos ojitos sean propagadores de compasión.

    Video:

    http://video.bugun.com.tr/bugunPlayer.swf?file=dagilfilm.flv

  • October 7th

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    Custodio González, vendedor de hamacas en las playas de Cartagena, Colombia

    Custodio González, vendedor de hamacas en las playas de Cartagena, Colombia

    Una mirada inocente que a la vez demuestra que, por la fuerza, ha tenido que dejar atrás mucha de su inocencia se acerca para mostrarme el producto de sus manos y su esfuerzo, pidiéndome que le compre, que le ayude. Son los ojos de Custodio González, un hombre que, como otros miles de colombianos, es símbolo de una tragedia que se vive en los campos de este país. Leer más | Comentarios

  • September 29th

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    Raíces en Bogotá y Cartagena, nostalgias de Buenos Aires, amigos en Nueva York y Madrid…y eso extraño que sentía por Cali. Pasiones desenfrenadas de Fanny Mikey por el mundo.

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