Ojosdelalma
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  • June 4th

    Colores en el cielo

    Una de las razones por las que amo a Medellín es porque, así le suene ilógico y le parezca increíble un habitante de casi cualquier otra ciudad del mundo, aquí, en plena ciudad, el cielo está lleno de sorpresas coloridas y sonoras: cada día trabajo con distintos cantos de pájaros como sonido ambiente y, en cualquier momento, pasan no muy lejos de mi ventana grupos de guacamayas rojas, azules y amarillas volando y emitiendo ese canto tan característico de ellas, esa especie de grito de alegría y de libertad.

    Lo exótico en plena ciudad

    Ese animal tan exótico que en otras partes se exhibe en los zoológicos y por el que las personas pagan para tomarse fotos con él aquí en Medellín es parte del paisaje natural de sus cielos, de los sonidos de sus días. Leer más

  • June 2nd

    En vista de que en las últimas semanas –durante la etapa final de la campaña presidencial en Colombia- he recibido algunos comentarios y mensajes (aclaro: no de colegas, sino de conocidos y amigos) que me preguntan –o me reclaman- sobre mi “objetividad” y mi “imparcialidad” a la hora de escribir en mis blogs y en mis espacios en redes sociales como Facebook y Twitter, me he visto obligada –como un deber con aquellos que siguen mi trabajo y que, de pronto, no conocen muy a fondo las aguas del periodismo y/o los derechos ciudadanos- a escribir y a publicar parcialmente la respuesta que le di a la última persona que me escribió.

    Esta persona me pedía informar con objetividad, me decía que tratara de quitarme la venda que tenía en los ojos, que sabía que estos temas apasionantes lo podían hacer “perder el norte” a uno, que le encantaba mi trabajo pero que últimamente se sentía leyendo opiniones de una ciudadana cualquiera y no informaciones imparciales de una periodista, y me mencionaba como ejemplo a una reconocida columnista argumentando que ella sí hablaba de manera imparcial y sin dar su opinión (?) sobre lo que informaba. Me pregunté qué creerían los lectores que encontrarían en una columna de opinión.

    Antes de que lean la respuesta, permítanme confesarles que me llamó bastante la atención y me dejó bastante sorprendida esta duda tan –ante mis ojos de periodista y ciudadana- absolutamente injustificada desde todo punto de vista de la que he sido objeto por parte de unas cuantas personas –muy pocas (cuatro), en realidad, pero suficientes para quererme pronunciar públicamente.

    Y es que una cosa es que no les guste mi trabajo –o que no estén de acuerdo con mi opinión y eso les moleste sobremanera-, lo cual están en todo su derecho de pensar o sentir, y otra, bien diferente, que yo no lo esté haciendo de forma profesional o que esté incumpliendo con algún pilar del periodismo o de la ciudadanía digna.

    A continuación transcribo la mayor parte de la respuesta que le di a la última persona que me escribió (añado algunas cosas y omito lo personal, lo que iba dirigido a esa persona específicamente; dejo algunas cosas que le dicen algo directamente a la persona pero que pueden ser entendidas como hablándole a todo aquel que esté de acuerdo con la opinión de quien me escribió que, imagino, debe ser más de uno):

    Empiezo por partes porque tengo mucho que decir.

    Antes que todo, lo que me parece fundamental es aclararte que recibo tus palabras de una forma totalmente positiva y con el mayor respeto que, ante mis ojos, merece alguien como tú, una persona que me ha demostrado ser inteligente y hablar con argumentos.

    Segundo, te digo que lo que me dices en tu email es un gran ejemplo de cómo la comunicación directa definitivamente es tan importante para que dos personas lleguen a entenderse cuando sus puntos de vista son tan diferentes y cuando la visión de la una sobre la otra se aleja tanto de la realidad.

    Te digo directa y sinceramente, también, antes de empezar, que lo único que no me gustó de tu email y que me pareció un poco salido de ese respeto con el que nos queremos hablar fue la parte de “trates de quitarte esa venda que tienes en los ojos” y de “perder el norte”. Yo no tengo ninguna venda en los ojos ni he perdido el norte; soy una persona inteligente, educada y con una gran formación profesional que me permiten formarme conceptos de la realidad y transmitirlos como profesional y como ciudadana de la manera en que yo desee sin transgredir los derechos de ningún otro ciudadano. (Aquí hago una aclaración: esa frasecita de la “venda en los ojos” fue utilizada en dos de los cuatro mensajes que he recibido y, además, la he visto como muy de moda en Facebook en los comentarios que les hacen unos a otros, específicamente los que están de acuerdo con un candidato y piensan que el otro es una locura. Considero de lo más absurdo e irrespetuoso que alguien utilice ese término como diciéndole al otro que el hecho de que no vea lo mismo que él ve quiere decir que no está viendo, que tiene los ojos tapados. Eso solo demuestra ganas de atacar, resentimiento, ganas de convencer al otro por la fuerza, de hacerle pensar que está loco, pero en ningún momento constituye un argumento ni nada constructivo.) Leer más

  • May 31st

    Hoy no escribiré nada nuevo porque la decepción de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia ha hecho que me cuestione más que nunca sobre el círculo tan vacío y egoísta en el que me vengo moviendo desde que nací, y me ha robado las palabras con todas sus fuerzas.

    Solo sé que no será por mucho tiempo. Son las grandes decepciones las que le revuelcan a uno la vida y de las que nacen las grandes ideas.

    Lo único que me reconforta es saber que no soy una más de esa masa a la que no le duele lo que no ve. No soy una más.

    Por más sola que me sienta en este mar de egoísmo, me he encontrado con una que otra alma que persigue ideales humanos y que, con seguridad, brillará en medio de esa masa borrosa y sucia en la que tantas veces logra convertirse la mayoría.

  • May 28th

     


    Dos historias se reunieron en un día como resultado y prueba de dos ideas que para muchos podrían parecer idealistas e irrealizables: (1) que los sueños perseguidos con pasión y perseverancia se hacen realidad y (2) que a través de la cultura y el arte sí se puede sacar a los niños y jóvenes de la violencia, y transformar sociedades desde su raíz.

    Una historia es la de un amigo mío de la infancia, Juan Manuel Barrientos, quien hoy, con veintiséis años, se ha convertido en uno de los mejores chefs de Colombia y se codea con los más representativos chefs internacionales como ejemplo de un joven exitoso que ha traído a nuestro país un nuevo modelo gastronómico lleno no solo de sabores, sino también de significados.
    Celebrando sueños cumplidos

    Y es que su restaurante El Cielo, que es hoy uno de los mejores de Medellín, no es su único ni –a mi modo de ver- su más grande logro. Aunque fundamental para el éxito actual de Juanma y para que sus esfuerzos se vieran recompensados y su pasión aún más impulsada, El Cielo se convirtió en algo más, le permitió a este joven chef colombiano expresarle al mundo sus preocupaciones por temas sociales y convertirse en alguien que trabaja por la paz de Medellín y de Colombia, y que representa al país en eventos internacionales sobre la paz.

    Es aquí donde llega la conexión a la segunda historia. Esta semana tuve la oportunidad de asistir al lanzamiento de la revista de Juanma, un diario llamado “Juanma, notebook” que habla de gastronomía internacional, temas sociales, medio ambiente y actualidad, en donde se le hizo un emotivo homenaje a un soñador que hoy es portada de numerosas revistas y prueba de que quien afirma que cumplirá sus sueños no puede más que hacerlo.

    En este homenaje Juanma quiso acompañarse de un símbolo de la transformación social. Gracias a él conocí a los “Crew peligrosos”, un grupo de quince jóvenes de comunas de Medellín en las que la vida se hace más difícil de lo que es para el promedio de las personas, que hablaron y bailaron frente a mí logrando ponerme la piel de gallina solo por la emoción de ver un ejemplo vivo que me gritaba con todas sus fuerzas que el arte y la cultura pueden transformar lo más negativo de una sociedad.
    Alegría de sueños y transformación

    Estos quince bailarines y cantantes de hip hop persiguieron un sueño –son también un ejemplo de la primera idea que mencioné al principio- que los sacó de la violencia y que transformó lo que hasta un momento de sus vidas había sido el principio de un infiero. Al ver que realmente eran capaces de lograrlo se aferraron a su pasión, dejaron atrás lo que podía enlodar sus sueños y decidieron trabajar hasta la muerte para evitar que otros tuvieran que pasar por lo que ellos habían pasado: montaron una escuela de hip hop en la comuna de Aranjuez por la que han pasado más de dos mil niños, jóvenes y adolescentes que, a través del arte, la música y la cultura, se han alejado de las calles, las drogas, la delincuencia y la ilegalidad.
    La fuerza
    Henry, el líder del grupo, me dice mirándome a los ojos que él sabe y que no tiene duda alguna de que es así como se transforma una sociedad desde su raíz. Me cuenta con pasión y orgullo acerca de ejemplos reales, y de gran nivel, de eso en lo que he querido creer y que precisamente hoy está tan vigente para los colombianos debido a que, por primera vez en la historia, tenemos un candidato presidencial que nos presenta un programa cuya esencia es la transformación moral y cultural de la sociedad colombiana: Henry me habla de nombres y números reales de personas que estaban destinadas a vivir en las calles, entre drogas, armas y crímenes, y que dejaron de hacerlo debido a que les dieron la oportunidad de ser parte de la sociedad, de estar incluidos, de vivir más dignamente, de contar con un sueño en el que ellos pueden ser protagonistas y de tener una vida en la que los objetivos no son conseguir a toda costa lo necesario para sobrevivir ni quitarle al otro lo que tiene por el simple hecho de que tenga más, sino continuar luchando por una pasión legítima impulsadora de una vida humana con ganas de vivir dentro de una sociedad.
    El líder Leer más

  • May 26th

    Al final de este texto les comparto una buena columna de Daniel Samper Pizano sobre los atropellos que sufrimos los latinoamericanos, y especialmente los colombianos, en los aeropuertos del mundo. A todos aquellos que, como yo, se han sentido humillados e impotentes frente a un par de manos y un par de ojos de robot que todo lo atraviesan, tanto el cuerpo como lo que lo acompaña (y a veces pareciera que, así como nos relataba Orwell en 1984, también quisieran atravesar la mente para detectar algún gesto, algún pensamiento rebelde que hubiera logrado escaparse y dejarse ver), los invito a leer estas palabras que, tristemente, constituyen por lo menos una especie de apoyo moral y de confidencia entre todos esos seres humanos que, por haber nacido donde nacimos, tenemos que soportar que otros como nosotros nos juzguen y nos traten de entrada como a traficantes y delincuentes, y logren, muchas veces y por muy patético que esto sea, ponernos nerviosos y hacernos preguntar internamente por qué nos alteramos si no tenemos nada que esconder.

    Es así de patético.

    A mí me ha tocado perder un avión en Vancouver y tenerme que quedar un día más por las demoras en emigración; he tenido que soportar que la mayoría de las veces que viajo por fuera de Colombia, sobre todo en Estados Unidos y en Canadá, me interroguen largamente porque mi pasaporte fue robado a un camión de la agencia de viajes que lo llevaba a Bogotá para renovar la visa americana HACE MÁS DE 8 AÑOS, así tenga decenas de entradas y salidas del país después del condenado robo; he tenido que sonreírle falsamente a quien me interroga para que las cosas no se alarguen más de lo necesario y así mi frustración no llegue a apoderarse de mí; increíblemente, una vez llegué a sentir que un vacío me inundaba cuando, en Atlanta, mi computador portátil –que lo más importante que contiene son estos humildes textos, mi música y las fotos de mis buenos momentos- pareció darles a estos tenebrosos pero tristes seres una señal de que yo llevaba algún tipo de explosivos y sentí por unos momentos lo que era ser terrorista o, mejor, ser juzgado como tal sin serlo…En esa ocasión, finalmente y después de unos minutos eternos en los que nadie me explicó nada ni intentó tranquilizarme, después de haberme hecho cambiar de colores y maldecir hasta el cansancio lo que nos toca aceptar, me armé de valor para preguntarle a uno de estos seres, con una mirada aún más penetrante y llena de indignación, cómo diablos podía mi computador activar una alarma de explosivos, y él, muy tranquilo y sin afán alguno, me respondió que me podía ir y que eso podía pasar por muchos motivos como contacto con algún medicamento…

    Sin comentarios. La úlcera es mía, el poder de ellos. Leer más

  • May 24th

    Ya son muchas las denuncias en contra del uso que la campaña del Partido de la U y de Santos está haciendo del programa Familias en Acción. Cada vez son más las personas de bajos recursos que cuentan cómo los hicieron asistir a manifestaciones y apoyar abiertamente a Santos para no perder los beneficios que reciben de un programa que es DE ESTADO y que lo que les ofrece es la satisfacción de SUS DERECHOS. Ya vemos por qué los estratos uno y dos son los que más apoyan a Santos.

    Si así es la campaña, cómo será el gobierno.

    Cuando se cree en lo que se va a hacer, cuando se tiene un proyecto real que se hace más fuerte porque las intenciones de cumplirlo también son reales, no hay necesidad de comprar ni de forzar a otros seres humanos a apoyarlo a ciegas con falsas promesas y, lo que es peor, con amenazas. Una campaña que se basa en la guerra sucia, en la compra de números que la refuercen, en discursos aprendidos y en tener como esencia esa idea de que se es igual a alguien del pasado que para muchos fue bueno y que por eso no hay lugar a equívocos, no puede convertirse en un buen gobierno ni ofrece a los electores el respeto ni los objetivos que se merecen.

    No más Colombia corrupta, no más compra de almas, no más ilegalidad, no más favores. Debemos luchar por una Colombia en la que sean los derechos los que se respeten por encima de todo por el simple hecho de que todos los colombianos somos seres humanos.

    Que no se nos debe olvidar la esencia de la vida ni debemos perder de vista las verdaderas prioridades de una sociedad.

    PD: ¿Se han dado cuenta de que los seguidores de Santos jamás lo defienden destacando sus virtudes, sino solo atacando a su más fuerte rival, Mockus, y de que, por el contrario, los seguidores de Mockus tienen cientos de razones y argumentos positivos para compartir con los demás y demostrar públicamente su apoyo? Eso dice bastante, no solo de los candidatos, sino también de sus electores.

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