Ojosdelalma
  • Punto de vista
  • January 30th

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    Ya hace varios años de conciencia que me duele casi físicamente el sufrimiento de los seres humanos, pero últimamente siento que el de los animales se le suma de una forma, de cierta forma que se está haciendo pesado, muy pesado, casi insoportable.

    A mí, que tanto he alardeado de amar la vida -y que, no sé cómo, la sigo amando-, se me está haciendo difícil vivirla, se me está haciendo algo absurdo este mundo.

    Cada noche, al cerrar los ojos, se retrasa un minuto más el sueño, se hace un poco más profundo ese sufrimiento: en ese preciso instante algún ser humano y algún animal, que en realidad son millones, están llorando en silencio, en medio de la falta de piedad.

    Antes de dormir sufro; en el día, cuando la mente no está distraída, sufro, y cada vez es más difícil distraerla.

  • December 1st

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    Todos los días de mi vida trato de entender cómo es posible que nos matemos unos a otros, que nos odiemos tanto sin conocernos, que emprendamos guerras inimaginables contra nosotros mismos, que nos autodestruyamos de una manera tan violenta y radical.

    El tema de las persecuciones que han sufrido los judíos a lo largo de la historia, y de su punto más alto y monstruoso durante la Segunda Guerra Mundial, me atormenta; y ese tormento se hace aún más profundo cuando pienso en ese pueblo que tanto ha sufrido y que hoy es protagonista de otro de los episodios más dolorosos de nuestra historia: el conflicto entre Israel y Palestina.

    ¿Acaso si he sufrido mucho no debo comprender aún más el sufrimiento del otro y ser incapaz de no compadecerme? ¿Cómo es que permitimos que el mundo siga como si nada cuando ya fuimos testigos silenciosos del casi exterminio de un pueblo y hoy vemos a otro luchando por el simple derecho a existir?
    Qué bárbaros somos. A veces el silencio y la pasividad son los peores actores.

    Al parecer, y lo reflejan muy bien las siguientes palabras de Amos Oz en su libro Una historia de amor y oscuridad, nuestras intenciones son muy bonitas cuando se describen en medio del sufrimiento, pero se tiñen de otros colores cuando la vida nos muestra la luz.

    (Aparte del tema que estoy tocando, las siguientes palabras me dan escalofrío cuando las pienso en relación con esos que están dispuestos a que todo sea sangre con tal de conseguir el orden. Qué peligroso puede volverse quien impone el orden a como dé lugar: aún mucho más que aquel que causaba los disturbios.)

    A los únicos que no temíamos mucho era a los alemanes. Recuerdo que en el 34 o el 35 yo era la única de la familia que seguía en Rovno, para terminar mis estudios de enfermería, en el 35 aún había bastantes entre nosotros que esperaban que llegase Hitler, decían que con él al menos habría leyes y disciplina, y cada uno sabía dónde estaba su sitio, que no importaba mucho lo que Hitler dijera, lo importante era que allí, en Alemania, había impuesto un orden alemán ejemplar y que la chusma temblaba ante él. Lo importante era que con Hitler al menos no habría tumultos callejeros ni anarquía; entre nosotros aún se pensaba entonces que la anarquía era la peor situación posible: la mayor pesadilla era que los sacerdotes empezaran un día a instigar en las iglesias diciendo que la sangre de Jesús volvería a ser derramada por culpa de los judíos y comenzasen a repicar sus pavorosas campanas, y los campesinos lo escucharan, se llenaran la barriga de aguardiente, cogieran las hachas y las horcas y empezara todo. Leer más | Comentarios

  • November 1st

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    El mundo ya alcanzó los siete mil millones de personas. Nos multiplicamos nosotros y también se multiplican la desigualdad y la exclusión. Mientras tanto, existen muchos debates sobre cuál es el verdadero problema y cuál la solución: ¿Será que el mundo no está produciendo lo suficiente hoy ni será capaz de producir lo que van a necesitar los miles de millones de personas que llegarán al planeta durante el próximo siglo? ¿O será que, por el contrario, sí producimos lo suficiente y sí tenemos el espacio necesario (toda la población del mundo cabría, hombro a hombro, en el territorio de Los Ángeles, según la National Geographic), pero el problema es que eso que se produce está muy mal repartido y no le llega a la mayoría de la población mundial?

    Creo que el debate no es tan difícil, sino solo incómodo.

    Les comparto estas palabras de José Ignacio Torreblanca en su blog Café Steiner de El País, así como un video de la National Geographic que ilustra la situación demográfica en la que nos encontramos:

    El problema es la inequidad, una inequidad que se genera tanto en la política, puesto que el hambre es recurrente en los Estados autoritarios, frágiles o fallidos, como en unos mercados mal regulados que, bajo incentivos perversos, están encareciendo los alimentos vía la especulación con los precios (según el Parlamento Europeo, la especulación financiera es responsable del 50% del incremento de los precios de los alimentos).

  • May 4th

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    En este momento adelanto una tesis para mi máster en Relaciones Internacionales. La tesis trata un tema y tiene un enfoque que resultan algo extraños para la mayoría, según he descubierto en las miradas y las expresiones de muchos. Pero eso no ha hecho sino que me apasione más por una cuestión escalofriante y que, como decía el autor que ya mencionaré, no podemos olvidar.

    El tema de mi tesis es la literatura como herramienta alternativa de investigación de los genocidios en la guerra y el análisis lo estoy haciendo a partir de la novela Si esto es un hombre de Primo Levi. Para ello he investigado mucho sobre Auschwitz. Aunque puedo decir que el solo testimonio de Primo Levi basta para darle la mano desde la distancia a un testigo del mayor horror que ha vivido la humanidad. Así mi tesis la lea una sola persona, quiero dejar escrito algo que siga recordando el mensaje que Levi se obsesionó por difundir para que ese revisionismo –o ese olvido– que tanto lo atormentó al final de su vida no gane terreno jamás.

    Escribo esto ahora porque me acabo de encontrar con un texto de Amnistía Internacional que me produjo un escalofrío profundo y que no logro sacar de mi mente. Primo Levi escribía que aunque hubieran quedado atrás el nazismo y el fascismo, lo más peligroso de ellos seguía latente en el ambiente; él decía que no podíamos olvidar lo que había sucedido porque en cualquier momento podía volver a ocurrir…Para él no era una historia terminada.

    Así como muchos estudiantes le preguntaron a él en diversas ocasiones si pensaba que los alemanes y el mundo entero conocían lo que estaba sucediendo dentro de los campos de concentración y de exterminio durante la Guerra –a lo que él respondía que los nazis hacían muchas cosas para disimular lo que realmente sucedía, pero que de todas maneras los alemanes algo tenían que saber porque veían desaparecer personas continuamente y que, aunque no lo supieran exactamente, no habían hecho nada para detener el nazismo–, hoy yo me pregunto si nos interesamos lo suficiente por regímenes cerrados y represivos como el de Corea del Norte o el de Myanmar (Birmania). Leer más | Comentarios

  • April 2nd

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    Hay quienes no saben, ni siquiera pueden imaginarse, qué es la paz. Y son muchos. Tal vez seamos más de los que podríamos incluir en el grupo en un primer momento porque, pensándolo bien, ¿sabemos nosotros lo que es la paz?

    Él preguntó qué era la paz. Se produjo un gran silencio. Gente que padecía la guerra no sabía explicar su ausencia. Pasado un tiempo, un hombre acholi se incorporó de la silla y dijo: ‘La paz es cuando un hombre solo tiene miedo a las serpientes’“*.

    * En: http://blogs.elpais.com/aguas-internacionales/2011/04/para-mama-fatu-justicia-es-poder-llorar-a-su-hijo.html

  • March 23rd

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    Hoy, con la intervención militar de la comunidad internacional en Libia como contexto, me pregunto por qué –sin esperar respuesta, como ya es costumbre– nuestros dirigentes parecen tan escandalizados y hacen uso de “todos los medios” –que cuestan millones de dólares– para salir en rescate de un grupo de seres humanos que son atacados por su gobierno, pero nunca, como es escandalosamente evidente, han pensado en salir en rescate con todo su poder, recursos y posibilidades, de millones de personas que pasan sus días sin comida ni abrigo ni medicinas, olvidados absolutamente por una humanidad demasiado ocupada en sus burocracias y sus modas.

    Así mismo, la opinión pública reclama a sus dirigentes hacer algo para evitar baños de sangre en manos de dictadores –solo algunas veces, una vergonzosa minoría de las veces–, pero no parece estar muy interesada en reclamarles que eviten el círculo eterno de las muertes más indignas y silenciosas que pudren a nuestro planeta.

    Ese ya es paisaje conocido y su sangre está demasiado seca para brillar, roja como les gusta, frente a las cámaras y sobre el papel, en donde se ven mejor las imágenes de líderes hipócritas que, mientras deciden desde sus despachos bombardear para llevar a cabo el rescate de turno –nunca el más importante–, solo están pensando en las próximas elecciones.

    Porque es así: partiendo de la triste pero evidente verdad de que los líderes de hoy no actúan por el bien de sus pueblos, es aún más patético que así estos declaren guerras motivadas por el petróleo, ni siquiera les importe realmente el petróleo, sino el que ese petróleo tenga efectos mágicos sobre poblaciones que van a votar: es decir, es más importante el giro de las carreras políticas de un puñado de hombres que la dignidad de la vida –la vida misma– de una mayoría dolorosa de seres humanos enfermos, con estómagos vacíos y fríos crónicos que se han olvidado de la posibilidad de pensar en un mañana.

    Vaya mundo. ¡Oh, humanidad!

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